martes, 22 de enero de 2013

Manu Espada habla sobre Fuera de temario



Siempre he sido un chico de barrio. Los personajes de barrio me fascinan desde que era pequeño, ese microuniverso, como un mundo a escala en el que cada persona tiene un rol que encaja a la perfección en ese engranaje cotidiano de tenderos, panaderos, vecinos, bares y ultramarinos. Cada personaje tiene su filosofía “de barrio” para sobrevivir a la realidad diaria, sus citas, su refranes, sus frases hechas y su modo de afrontar la cotidianeidad de la vida. Cada habitante es experto en una asignatura. Hombres con el palillo en la boca, expertos en Literatura, echan órdagos al mus y beben pacharán, obreros expertos en Lengua embutidos en su mono manchado de cal y señoras con “casquete de peluquería” y “músculo monedero” bajo la axila que han desarrollado una capacidad impresionante para las Mateméticas tras años de hacer la compra en el mercado. Fuera de temario es un barrio al uso, pero con el elemento distorsionador de lo “fantástico” y el “cambio de identidad”. Fuera de temario es un barrio habitado por filósofos en el que la dueña del kiosko sigue a pies juntillas la filosofía cartesiana, el cura es socrático, el policía se decanta por Ortega y Gasset, el electricista es aristotélico y el funcionario es un nihilista convencido. En este barrio existe una tasca con el suelo salpicado de serrín y la barra brillante por la grasa de los torreznos, un bar en el que todas las tardes juegan al mus Carver, Salinger, Bukowski y Wolf. En “Fuera de temario” existe un cine al que siempre acude una cinéfila solitaria que se alimenta de fotogramas, una mujer cuyo mimetismo con el entorno del barrio se asemeja a ese mecanismo que confunde a los insectos palo con la flora selvática. En este barrio habita un mecánico de coches rudo y curtido en mil batallas, un hombre de mono grasiento al que la RAE nombra académico para su sillón de la “Z mayúscula”. En Fuera de temario viven jardineros que siembran partituras musicales en los tiestos, unas partituras que al madurar dan como fruto excelentes sinfonías. En un mismo bloque podemos encontrar a vecinos que viajan en el tiempo, hasta los años ochenta, informáticos a los que un chino del otro lado del mundo les roba la personalidad con su ordenador y relojeros que le roban el tiempo a sus clientes en busca de la inmortalidad. Sobre los bancos que hay en los parques de Fuera de temario duermen mendigos que son capaces de pintar escenas que luego la realidad reproducirá fielmente. Si usted para por este parque, eche una moneda en el platillo de este mendigo y le pintará una bacanal en la que usted será el protagonista. Si no le deja limosna, quizá protagonice una escena de caza en la que usted huye de una jauría de perros. Pero en cualquier caso, no deje de darse una vuelta por Fuera de temario, mi libro más redondo, mi vecindario preferido. No dejen que los vecinos de este barrio mueran. Es tan fácil sumergirse en sus calles y resucitar a sus habitantes como abrir esas puertas que son las páginas de Fuera de temario, un proyecto cuyos ladrillos pusieron Policarbonados y que Talentura ha rescatado del desahucio. Ahora pagan un alquiler social y viven tranquilamente conviviendo con los lectores "okupas" que llaman a sus puertas. Llamen, pasen, y jueguen un mus con Carver. Les aseguro que nunca verán un barrio igual en lo que les queda de vida. 


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5 comentarios:

Don Manuel, da gusto saber que tengo tu barrio en mi estantería...

Un saludo.

Precioso.
Dígale a Carver que me envíe Tres Rosas Amarillas. Porfavó.
Bss

¡Qué bien defiendes lo que no lo necesita! Los padres somos así. Ya te lo dije: el libro engancha. Cada relato es un enigma, y muy bien planteado y resuelto. No me extraña que le tengas cariño, yo también se lo tendría.

Abrazos de bicha palo.

Sabes que nos gustó mucho a mi mujer y a mí. Personalmente creo que debería estar en buena posición de los libros de género fantástico. Me alegro de que sea rescatado. Te lo dije en su día, que este libro debería estar en el temario del bachiller, y ahora que han quitado la "Educación para la Ciudadanía", con más motivo.

Jo, me avergüenza decirlo, pero no lo tengo. De momento. Porque me han entrado unos arrepentimientos y un no comprender por qué aún no lo tengo al leer cómo lo describes, Manu, que le doy sólo una tarde más al despropósito de no tenerlo.
Un abrazo.

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